Les Petits riens Malandain / Mozart


Creadas en 1778 en París por Jean-Georges Noverre sobre la música de un joven Mozart, Les Petits riens son un ballet en el gusto anacreóntico (un género poético que canta les dalicias del amor por encima de sus penas). En un decorado campestre evolucionan Cupido, pastores, pastoras y avec a las que hemos añadido algunos corderos escapados de la granja de la reina María Antonieta, mecenas del autor. En un principio la obra presentaba una serie de entregas que tratan sobre juegos y bromas de Cupido. Pero las fuentes son confusas ya que Noverre creó tres versiones distintas del montaje. En lo que respecta a la partitura, encontrada sin numeración, su organización es fortuita. No importa, nuestro objetivo no es reconstruir Les Petits riens, ni parodiarlas, sino más bien apropriarse del espíritu de una obra que el proprio Noverre consideraba « un boceto ». Una especie de work in progress que comienza justo antes de que el telón se levante.

Thierry Malandain


creado el 22 de octubre de 2005
al Teatro Amaia d’Irun

música Wolfgang Amadeus Mozart
coreografía Thierry Malandain
decorado y vestuarios Jorge Gallardo
diseño de iluminación Jean-Claude Asquié

coproducción Esplanade de Saint-Etienne, Grand Théâtre de Reims, L’Onde de Vélizy Villacoublay, Les Amis de Malandain Ballet Biarritz, Malandain Ballet Biarritz

duración de la obra íntegra 25’
ballet para 16 bailarines


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« […] En su totalidad, resulta magnífica. Para conseguirlo, todos los ingredientes se dan en una sucesión y ritmos ágiles que van in crescendo de inicio a fin. Los bailarines, rotundos en el uso expresivo del cuerpo, le dan el sello definitivo al trabajo que traslada al público, con una visión contemporánea, al siglo XVIII. […] Todos ellos llevan a su apogeo la expresión y el virtuosismo corporal. Se lanzan a la conquista del espacio por todo el escenario, con un talento que me sorprende cada vez que veo al Ballet Biarritz, una compañia sólida que es dirigida con gran maestrí Thierry Malandain. »

El Diario Vasco, Idoia Lecumberi, marzo de 2006

« […] Malandain es excelente haciendo este tipo de guiños a la historia de la danza y al público. […] »

Les Échos, Philippe Noisette, marzo de 2006

« Con un coreografía muy refinada, Les Petits riens son un guiño contemporáneo al siglo XVIII. Las danzas galantes de otros tiempos de convierten en el pretexto de una narración coreográfica en la que divertir es una consigna, a pesar de las dificultades que supone representar esta partitura. [...] »

Il Giornale Di Vicenza, marzo de 2006

« Malandain nos ofreció une obra maestra de frescura con notas de humor (con motivo de una alegría desenfrenada) en la que el atletismo de los bailarines, perfectos intérpretes del estilo de su maestro, no contrarrestaba en absoluto la ligereza y la gracia inherentes de Mozart. […] Podemos establecer una relación entre este aspecto de esta creación y un detalle que ya se podía entrever en Forsythe o Preljocaj, pero no es menos cierto que la originalidad y la cohesión de esta nueva coreografía que Malandain despliega al ritmo de la música, poniendomaravillosamente de relieve la plástica corporal de sus bailarines, incrementará el éxito de la troupe en los mejores escenarios del mundo. »

La Semaine du Pays Basque, Alexandre de la Cerda, marzo de 2006

« En el año de Mozart, no podría haber un coreógrafo más audaz que Thierry Malandain para extraer con malicia e ingenio la quintaesencia de los Petits riens. Como en muchas de sus producciones, el director del Ballet Biarritz realiza, entre los cuerpos y la música, un arte más puro de la seducción. »

Ballettanz, Thomas Hahn, marzo de 2006

« […] Los elementos escénicos, los sorprendentes efectos de luces, incluso los trajes, dan textura a una danza cuyo lenguaje es más fluido, más evolucionado, más libre, con menos ataduras formales. Hay disciplina, un trabajo de diseño previo, una situación espacial que ofrece imágenes potentes, donde cada uno de los participantes utiliza de forma organizada su proprio modo de expresión. Los Petits riens son pícaros, juveniles, en ocasiones con pasos que parecen de un patio de recreo. Pero ricos en matices, divertidos, contagiosos. Cada escena es una oda a la vida, un juego teatral resuelto con gran eficacia. […] »

Artez, Carlos Gil, marzo de 2006

« Pastoras, ovejas, pajarillos y Cupido, los bailarines se transforman, baten las alas, expresando con gracia, audacia y humor algunos sentimientos universales : la provocación, la devoción del enamorado, sus certidumbres ciegas. La coreografía dispone totalmente de los cuerpos a los que da vida. Hermosa, divertida y original, hace sonreír al público, seducido por el conjunto o simplemente por la música de Mozart. [...] »

Le Journal du Pays Basque, Kattalin Dalat, febrero de 2006

« [...] Ballet sobre un ballet para evocar al ballet en el ballet. El juego con varios fondos de Malandain subraya así que el juego del escenario y la cuestión de la danza de acción como medio de expresión son anecdóticos. Fina y bien concebida, la obra, lejos de ser una pequeñez secundaria, es un anticipo interesante. »

Webthea, Philippe Verrièle, mayo de 2006

« [...] Pocos coreógrafos en el mundo igualan el placer evidente que siente encontrando cosas divertidas para que sus bailarines las interpreten, participando en juegos ingeniosos con el público. Las Pequeñas provocan al espectador con movimientos poco clásicos, innovadores, angulares o extremos, que dan lugar bruscamente a secuencias de danza de una pureza perfecta. […] El título Les Petits riens significa « Pequeñeces » y Malandain decidió tratarlas de forma irreverente, impulsiva y burbujeante. […] Está claro que Malandain comprende las lecciones que la historia de la danza enseña sobre la evolución expresiva del movimiento. […] »

Los Angeles Times, Lewis Segal, marzo de 2006

« [...] Les Petits riens, con un ritmo vivo, fueron una obra maestra de frescura. […] »

La Provence, julio de 2007

« Vuestra danza, decía un conodico profesor a sus alumnos, tiene que comunicar alegría y felicidad, reconfortar a quienes os observan ». Nunca esas palabras fueron tan ciertas, nunca encontraron un eco tan profundo como con Les Petits riens, un ballet poético de Thierry Malandain. Esta obra, que canta las delicias del amor con una partitura de Mozart, es un efecto viva, fresca y ligera, llena de alegría y decisión ; tiene el poder de barrer de un plumazo todas las preocupaciones y pensamientos oscuros que puedan rondar la mente del espectador cuando entra en la sala. La coreografía, que se funde con la música, fluye con una ligereza sin par, con toques de humor y golpes originales de los más acertados. Huelga decir que los bailarines, de un nivel técnico prodigioso, irradia su generosidad, su felicidad y el gusto por la danza, a pesar de una partitura plagada de dificultades. Un momento de verdadera felicidad. […] »

Le Vésinet, J.-M Gourreau, febrero 2008

« Thierry Malandain, hace renacer los ballets lejos de toda reconstrucción histórica, pero con el deseo de aferrarse a las pasiones humanas de hoy. Una creación como una expatriación coreográfica donde los movientos preciosos de los cuerpos representan una intriga sutil y sublimada. Es un coreógrafo sin igual, digno heredero de los maestros clásicos. »

L'Art Vue, enero de 2008