Les Biches Francis Poulenc / Thierry Malandain & Bronislava Nijinska


Este ballet es un acto coreograficado por Bronsilava Nijinska con decorado y vestuario de Maris Maurencin fue creado el 6 de enero de 1924 por los Ballets Rusos en la Ópera de Montecarlo. Sin trama específica, reunía a varias jóvenes sofisticadas y tres muchachos jóvenes en una gran estancia blanca inundada por el sol, para un galanteo distinguido y lleno de ironía. Vera Nemtchinova interpretaba el papel de la bella desconocida, Bronislava Nijinska el de la anfitriona, y dos muchachas jóvenes celebraban la dulzura del mes de mayo.

En 1923, nada podía entusiasmar más a Francis Poulenc, gran admirador de los Ballets Rusos, que el encargo recibido de Sergei Diaghilev. Fue él mismo quien sugirió escribir un ballet de ambiente, una especie de Sílfides modernas. « Se me ocurrió la idea – dice el compositor – de esas fiestas galantes en las que, como en ciertos cuadros de Watteau, uno no puede ver nada o imgina lo peor. »
Les Biches es el ballet del placer – placer que prolonga una infancia interminable. Un tumulto alegre, « una prosperidad alocada al borde del precipicio », escribe Maurica Sachs, ya que, sin saberlo, los locos años veinte bailan sobre un volcán.

El contexto histórico, el deseo inicial de Diaghilev e incluso la propria coreografía de Nijinska han sido utilizados como fuente de información para aborda resta nueva lectura. Pero también un elemento del vestuario diseñado por Marie Laurencin, que me abrió los ojos. Esas musas, cual aves del paraíso, están dotadas de plumas. Ese elemento ornamental nos permite alinearnos con la sugerencia de Diaghilev, ya que las alas de las Sílfides también estaban dotadas de plumas. En consecuencia, la gran estancia blanca puede constituir en cielo en el que evolucionan criaturas celestiales. La coreografía original de Nijinska lleva a las puertas de ese paraíso, como surgidas del pasado : a una bella desconocida, a la anfitriona y a dos muchachas jóvenes que celebran la  dulzura del mes de mayo.

Thierry Malandain


creado el 24 de febrero de 2002
a l’Esplanade Saint-Etienne

música Francis Poulenc
coreografía Thierry Malandain & Bronislava Nijinska*
decorado y vestuarios Jorge Gallardo
diseño de iluminación Jean-Claude Asquié
*avec l’aimable autorisation de Nathalie et George Raetz

duración de la obra íntegra 34’
ballet para 14 bailarines


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« Escenario desnudo, bailarines esculpidos, luces tamizadas, el ballet Les Biches es un auténtico placer para el público. El placer de una página llena de encanto, fluidez y de una ligereza no solo debida a las plumas esparcidas por el suelo, sino también el talento de los bailarines. Poulnec brilla con una obra en la que despliega encanto e imaginación, están dotadas de plumas, un accesorio que los bailarines exprimen hábilmente. Así, ofrecen un canto de amor casi celestial, con una coordinación perfecta. La entrada de la « bella desconocida », momento bello vinculado con la coreografía original de Bronislava Nijinska (1924), causa una gran impresión. Thierry Malandain lleva al público a las puertas del paraíso. »

La Tribune, Martine Goubatian, 25 de febrero de 2002

« La pluma rosa vaporosa, accesorio único y omnipresente desde el inicio intrigante hasta el final deslumbrante, es un guiño a la versión original en la que unas jóvenes coquetas la utilizaban como complemento a su peinado. […] Su danza es fluida, flexible, muscular, sinuosa y sensual. Expresa de modo alegre la advertencia : « abrazad desde hoy las plumas rosas de la vida », en una oda a la danza y a la juventud interpretada por catorce bailarines realemente excelentes y jóvenes. […] Una obra exultante, compuesta exquisitamente por el Ballet Biarritz, una compañia de primer orden que podrán ver en Nueva York o Dallas el próximo mes de noviembre. En cualquier caso, merece la pena viajar cinco horas en tren desde París para verla. »

Dance Europe, François Fargue, abril de 2002

« En la producción original las criaturas estaban dotadas de plumas Thierry Malandain ha concebido su coreografía basándose en ese detalle : el tablado está lleno de plumas de avestruz rosas, utilizadas según la trama para evocar, en función de la voluntad de los bailarines, un bosque o un cielo de cola, diseñar líneas o sugerir alas o flechas. Viva, alerta, lúdica, rigurosamente construida sobre la música, la coreografía goza de la ligereza y la dulzura de esas plumas. Con un Ballet Biarritz muy en forma, Malandain acaba de añadir una de sus obras más bellas el inventario de ballets rusos que nos propone. »

Danser, Jacky Pailley, abril de 2002