Le Sang des étoiles G. Mahler, J. Strauss, E. Waldteufel, L. Minkus / T. Malandain


Entre los astros que iluminan la bóveda celeste, la estrella Polar juega un papel fundamental en la simbología universal. Guía del hombre al corazón de las tinieblas, es también el centro alrededor del que todo gravita. No lejos de ese « ombligo del mundo » evoluciona la Osa Mayor, una constelación definida en Las Metamorfosis de Ovidio como morada de la ninfa Calisto, convertida en osa.

Thierry Malandain


creado el 4 de septiembre de 2004
a la Gare du Midi de Biarritz

música Gustav Mahler, Johann Strauss, Emile Waldteufel, Ludwig Minkus
coreografía Thierry Malandain
decorado y vestuarios Jorge Gallardo
diseño de iluminación Jean-Claude Asquié

coproducción Esplanade de Saint-Etienne, Grand Théâtre de Reims, Teatro Arriaga de Bilbao, Les Amis de Malandain Ballet Biarritz, Malandain Ballet Biarritz

duración de la obra íntegra 65’
ballet para 16 bailarines


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« Thierry Malandain, de quien conocemos su reivindicación por inscribir la tradición clásica en un registro contemporánero, da en el clavo con esta creación. Su escritura engloba grandes desarrollos, arabescos, piruetas, con pies quebrados, nalgas puntiagudas, que le confieren un cariz más bruto, más carnal. Uno de los pocos que mantiene actualmente ese rumbo en Francia, director del Ballet Biarritz desde 1998, ofrece un balance muy positivo, lo que constituye un éxito no menor para los tiempos que corren. »

Le Monde, Rosita Boisseau, septiembre de 2004

« Grandes conjuntos clásicos alternan con escenas más originales, solos, dúos sensuales – un genero en el que el coreógrafo es un maestro – y tríos, sobre siete melodías de Mahler, y ponen en escena los amores de Zeus y Calisto, encarnados magníficamente. »

Le Figaro Magazine, François Deletraz, septiembre de 2004

« La Sangre de las estrellas es un cocktail magnífico en el que se mezclan los ingredientes más inesperados : lo clásico, la danza libre, la ironía, la sensualidad, la inventiva del coreógrafo y la carne viva de los bailarines. »

Moskovskij Komsomolets, Vladimir Kotikhov, 28 de junio de 2005