Ballet mécanique Georges Antheil / Thierry Malandain


Sobre el escenario, unas barras de danza forman un ring en cuyo centro los bailarines se lanzan a una coreografía frenética. No se trata de un lugar para la luche entre dos personas sino de un espacio de expersión donde los intérpretes manifiestan su desasosiego, se enfrentan sobre todo a ellos mismos. En la época de creación del Ballet Mecánico se escuchaba : « ¡ seamos máquinas inspiradas ! ». Aquí todo termina en apoteosis sobre un cuadrado de césped como expresión de la preferencia por la Naturaleza sobre la diosa-máquina venerada por los futuristas de los años 20.

Thierry Malandain


creado el 17 de diciembre de 1996
a l’Esplanade de Saint-Etienne

música Georges Antheil
coreografía Thierry Malandain
decorado y vestuarios Jorge Gallardo
diseño de iluminación Jean-Claude Asquié

duración de la obra íntegra 15’
ballet para 12 bailarines


documento (pdf) Disponible en breve


« En Ballet mecánico, las cuatro barras sirven fundamentalmente para acrobacias o forman los límites de un ring. En efecto, los doce bailarines se suceden en solo, dúo o trío en el centro, mientras los demás bailarines se alinean sentados en sillas junto al pasillo y el jardin. Recorderemos especialmente la apuerta con Silvia Magalhaes, que hipnotiza al espectador con una fuerza interior poco común y un gesto perfectamente dominado. ¡ Al final se reencuentran todos los intérpretes, para una danza al unísono muy lograda, trash aber recubierto el esapcio blanco y frío con pequeños tapices de hierba ! »

Danse, France De Vogüe, marzo de 2007

« Ballet mecánico, por su parte, impone su modernismo a la vez sonoro y gestual. La instrumentalización de la música del compositor estadounidense Georges Antheil balancea los cuerpos de los bailarines como si estuvieran sobre un ring. Parecen luchar, batallar y enfrentarse, todo a la vez. Pianos, timbres eléctricos, conjuntos de percusión, dan cuerpo a estas controversias animadas. De un tiempo de ejecución relativamente corto, la composición finaliza como tras un exceso, tras infinidad de matices, y los intérpretes, extenuados, terminan echándose sobre el césped en un retorno a los orígenes más que merecido. »

Rue du théâtre, Christelle Zamora, agosto de 2007